Seròs: Cuadernos, maestros y memoria. Cuando la escuela abre mundos

Este proyecto forma parte de una línea de investigación más amplia centrada en los cursillos de selección profesional del magisterio de 1932, a través de los cuales analizamos la formación de los maestros de la Segunda República y su traducción en las prácticas escolares. En este marco, la exposición Cuadernos, maestros y memoria surge como un dispositivo de movilización del conocimiento, donde investigación, archivo, memoria y creación se entrelazan.

El origen del proyecto se sitúa en el encuentro con Angelina Miró, maestra y vecina de Seròs (Lleida), quien en 2024 publicó el libro Si jo tingués mil pesetes (2024), construido a partir de los cuadernos escolares de sus padres, Josep y Rosita Miró, realizados durante el curso 1934-1935 en las escuelas de Seròs. Este acercamiento no fue únicamente documental, sino también relacional: al compartir con nosotros su trabajo, comenzamos a identificar conexiones entre esos cuadernos y los materiales que estábamos investigando sobre la formación del maestro Miquel Baró Daban, quien había sido maestro de Josep.

Miquel Baró (1906-1991) fue uno de los maestros formados en los cursillos de 1932 en la Escuela Normal de Lleida. De esta formación se conservan once cuartillas en forma de diario, actualmente custodiadas en el Archivo de la Universitat de Lleida (AUdL), donde se recogen sus aprendizajes tras cada jornada formativa. El diálogo entre estos documentos y el cuaderno escolar de su alumno Josep Miró nos permitió abordar una cuestión central en nuestro trabajo: ¿cómo se concretaban en el aula las ideas pedagógicas aprendidas en los cursillos?

La exposición se construye precisamente a partir de este diálogo entre formación y práctica. Por un lado, los materiales de los cursillos; por otro, los ejercicios, escritos y dibujos de los alumnos. Este cruce nos permite observar cómo las propuestas vinculadas a la escuela nueva —basadas en la experiencia, la observación, el pensamiento crítico y la apertura al mundo— se materializaban en el contexto cotidiano de una escuela rural.

Uno de los aspectos más significativos del proyecto ha sido la relación establecida entre los dibujos presentes en los cuadernos escolares y diferentes materiales pedagógicos históricos. Algunos de estos dibujos remiten claramente a láminas, mapas y modelos didácticos utilizados en la época. A partir de esta constatación, la colaboración con el Museo Pedagógico de Castellón, que desde hace años va creciendo día a día, fue clave para identificar varias piezas utilizadas en esos años para la formación de maestros y maestras y que el museo cedió para la exposición.

Este diálogo abre una hipótesis que atraviesa todo el proyecto: la posible circulación de materiales entre las escuelas normales (espacios de formación del profesorado) y las escuelas de los pueblos. Hasta ahora, estos objetos habían sido estudiados principalmente en contextos de formación de maestros, pero su aparición indirecta en los cuadernos del alumnado nos invita a pensar que pudieron tener una presencia más amplia en las aulas de lo que se había considerado.

La exposición también pone en relación los trabajos de Rosita Miró con otros materiales y prácticas. En su caso, los cuadernos muestran una formación orientada tanto al conocimiento del mundo —con una fuerte presencia de contenidos geográficos— como a la adquisición de habilidades prácticas vinculadas a la vida cotidiana. Estos aprendizajes se conectan posteriormente con su trayectoria vital como responsable de una tienda de ultramarinos y con sus prácticas de costura y bordado.

Desde una perspectiva crítica y feminista, este contraste permite reflexionar sobre los procesos de construcción de género en la escuela. Como señala Simone de Beauvoir, “no se nace mujer: se llega a serlo”, y los cuadernos muestran cómo la escuela participaba en esa construcción, combinando apertura y limitación. Al mismo tiempo, la figura de la maestra Maria Josefa Barceló aparece como clave en la apertura de horizontes, mostrando otras geografías y fomentando la imaginación y el deseo de conocer el mundo.

El proyecto se sitúa también en un contexto histórico atravesado por la violencia. La renovación pedagógica impulsada por muchos de estos maestros —entre ellos Miquel Baró, miembro del grupo Batec— se vio abruptamente interrumpida por el estallido de la Guerra Civil en 1936. A través de documentos recuperados del Archivo General de la Administración (AGA), la exposición muestra los procesos de depuración a los que fueron sometidos los docentes tras la guerra. En este contexto, Miquel Baró fue finalmente readmitido, mientras que Maria Josefa Barceló tuvo que exiliarse en París.

Más allá de la reconstrucción histórica, la exposición se plantea como un espacio de pluritemporalidad, en el sentido propuesto por Nicolas Bourriaud: un lugar donde diferentes tiempos históricos, materiales y relatos se superponen y dialogan. Así, los cuadernos escolares de los años treinta conviven con materiales de museo, documentos de archivo, obras contemporáneas —como las del proyecto Art de frontera de Jordi Prenafeta— y nuevas producciones surgidas del propio proceso de investigación.

En este sentido, el proyecto no se limita a mostrar, sino que activa nuevas preguntas y procesos. Un ejemplo de ello es el Trabajo de Fin de Grado de Aina Solà, nacido directamente de esta experiencia. Su investigación compara los cuadernos de Josep y Rosita con sus propios cuadernos y los de su hermano en la actualidad, analizando las diferencias de género en dos momentos históricos distintos: los años treinta y el presente. Esta comparación plantea una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto han cambiado las formas de aprender, de escribir y de construir identidades en la escuela en función del género?

De este modo, Cuadernos, maestros y memoria se configura como un proyecto abierto, donde la exposición es solo una de sus formas. A través de la conexión entre investigación académica, archivo, memoria familiar, instituciones museísticas y prácticas contemporáneas, el proyecto busca repensar el papel de la escuela en la construcción de las personas y del territorio, así como explorar nuevas maneras de hacer investigación y de generar conocimiento compartido.

En última instancia, la propuesta invita a rescatar, reinterpretar y poner en relación materiales del pasado con problemáticas del presente, entendiendo la escuela como un espacio clave para imaginar futuros, construir identidades y abrir mundos.

Comisariada por: Glòria Jové, Angelines Miró, Aina Solà i Mark Lapiedra.

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